sonora ponceña

qué doloroso es reconocer en el cuento de un sufrir que hoy soy todo lo que una vez quisiste hacerme entender que iba a ser mi arma de doble filo. que podía atravesar el mundo entero con tal de sentir eso que me sigue pareciendo desconocido y en la cumbre del conocimiento podría encontrar un hoyo con el único fin de repasar mis pasos para darme cuenta que alguien más los había recorrido y -torpemente- los había desdibujado. ya no eran más las pistas de lo que un día solían ser camino porque ahora tomaban posición en la penumbra. ya no eran más algo aprendido porque al repaso se esfumaban. 

soy todo este dolor que me diste herramientas para combatir pero que jamás me dijiste que podías con toda la incertidumbre y con toda la seguridad en ambos costados, contarme otra historia, hacerme ver otras puertas, dejar entrar por otras grietas el agua.

hoy entiendo que el conocimiento no es mío porque lo sienta, ni porque lo haya sentido, mucho menos porque lo haya compartido. es como el amor, una sustancia viscosa que se enreda en lo más grande y de la misma manera en lo menos visible. que puedo ligar lianas porque las sienta mías y las necesite y me sostendrán como se sostienen los líquenes y me harán cursar los vientos, las lagunas e incluso el fuego pero que tan pronto como llegue a la meta puedo mirar atrás como se mira con seguridad y un poco de orgullo el camino que se ha trazado por la incapacidad y el síndrome vago del sobreviviente, que cuando mira atrás olvida por dónde vino.

no fuiste ni serás -por procesos burocráticos como la reciprocidad-, el camino, ni la piedra, ni el resbalo, ni la luz, ni la brújula, ni la fuerza. eres y serás incertidumbre, el aferro a la vida y por sobre todas las cosas serás llama que aunque débil puede prender hectáreas. 

y aunque continúe en este pecho mío remendado y cansado pero ansioso de trazar caminos, serás siempre las ganas que se encendieron dentro de un cuerpo ya inerte de sentir ternura, de -aunque sepa que el camino ya se desanduvo- mis ganas de mirar atrás y comprender por vez primera que el camino lo hicieron mis pasos, aunque débiles y cansados, pero llenos de añoranza para seguir andando lo desandado. 


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