Manecillas.

3:30, cansada de toda esa mierda, porque no encontraba otro nombre para ponerle a esa  sensación.
Pensando en si podía tener otra vida, despertaba después de un puto mal sueño que hace mucho no tenía. Realmente cansada, sin lágrimas en los ojos, con mucha decepción y rabia en estos, con mucha mierda. ¿Qué más podía hacer, más que gritar en silencio lo inconforme que estaba, lo mal pagada que creía estar y, a la vez, lo responsable que se sentía de todo su mal, porque ese era su premio de consolación? Pura mierda. 
Pura mierda, pura mierda, pura mierda. La palabra la tranquilizaba y la adormecía en un segundo. Le quedaban más de los 3600 para seguir con la rutina agotable y así seguir obstruyendo su propia vía de escape. "Los puntos y comas en un mismo signo". Esa era su respuesta y desgracia. Ya no quería tener el  derecho a elegir si seguía o no. Simplemente no quería. No quería seguir. Era un punto final que nunca habría podido trazar. Y la inconformidad se apoderaba de ella casi como un milagro, casi como un sueño, casi como un demonio. No podía evitar pensarte, pensarte a ti sufriendo el mismo desengaño que ella cuando sus alas se habían desintegrado bajo la luz del medio día. Y era ahí, cuando soportaba más, su misma muerte. Querría, entonces, con anhelos insaciables, sanarte. Hacerse luna y dejar que sus fríos rayos se apoderaran de tu cuerpo, de tu cuerpo animal. Llenarte de luz de luna, que a ti te llegara hasta el corazón y empezar a transferirte sangre a través de una cánula hecha en luz, hecha en tu sombra. Sangre que ella ya no quería dejar circular por sus desgastadas venas, sangre que sabía que a tu cuerpo más le podría hacer bien que mal, a diferencia del suyo tan femenino. Y se encontraba con ese muro de inconsistencia que no la dejaba seguir desde hacia tanto tiempo. Probaba de nuevo del elixir amargo de la sumisión, del "poder, querer y no tener ánimos". Otra vez con la cabeza sobre el asfalto derramando color rojo de su cadáver aún vivo. ¿Era suficiente o todavía no tenía ánimos? La pregunta se la respondía siempre el mismo cuervo que se comía toda su miel, toda su carne palpitante, toda su pura mierda. 
Tú te aparecías en sus sueños de repente y era así cuando soñaba con muerte. Cuando se veía gritando a sí misma lo cansada e histérica que estaba de vivir. Cuando veía lágrimas que no le pertenecían y se llenaba de odio, llenaba de odio su saco de provisiones para el invierno, llenaba de odio su mismo ser vacío tan fácil de ocupar. Y era tanto el odio que no le bastaba. ¿Dónde estaban tus besos y palabritas amarillas en ese minuto? ¿Entre qué pedazos de sal te consumías? ¿Por qué nunca sentías su vacío -no creado por ti-, cuando ella podía sentir tus más pequeños anhelos? Y entonces, mi amor, ¿dónde estabas?
En la copa de un árbol, mientras se alejaba  de ese mundo que de tanto nitrógeno le llenaba los pulmones y las alas, veía el deseo de sus sueños juntos, luchando para no caerse y no romperse una costilla o quizá un corazón. Pero eso nunca bastaba. Nunca bastaba cuando tú estabas tan lleno de hiel, tan lleno de tus mismos cuervos acechándote. Y ya no podían, de verdad, ya no podían más. Ella ya no podía, tú no podías sin ti, ella no podía sin nadie, que era tal y como estaba. Y caía, en ese instante, de nuevo al mismo abismo donde podía seguir escribiendo puntos y comas en un mismo signo de pura mierda. Pura y absurda mierda. Y era suficiente, porque ya nada llenaba. El sol salía de nuevo, a sabiendas de que le quitaría la vida y se alegraba de eso, se llenaba como si la situación fuera un grande manjar. Sus rayos atacaban tantas cartas, tantas letras sin horizonte, tanta carne tatuada con pequeños poemas. Y entonces, en las nubes, como una maldición se leía: "Ojalá pudieras ver el amor que en mí has creado, para que veas como se transforman en cuervos y se sacian de mi sangre. Ojalá pudieras ver que para mi vacío es suficiente y que a ti eso debería llenarte. Ojalá pudieras sentir, mientras mis labios te recorren, que el corazón que tanto palpita dentro de mí, no es más que el compás de letras al escribirse. Letras que tienen autor al cual llaman por tu nombre." Y entonces, mi amor, dime dónde estabas.

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