Declive

"Quizás yo nunca llegue a hacer lo que buscás... quereme así, yo a vos te quiero."

«Esta es una carta para ti, no hay lugar para dudas. Tal vez las cosas no tuvieron que terminar de esa manera, pero quién soy yo para decidirlo o tan siquiera para juzgar la manera en la que todo sucedió. He repasado cada situación en mi mente durante estos cinco meses incansablemente, los recuerdos no me dejan vivir; y no hay nada que no concuerde en la historia, es como si el camino ya se hubiera trazado hace mucho tiempo y por alguna razón, en alguna bifurcación, nos perdimos y terminamos en un abismo y ya no podíamos retroceder y quisimos saltar, confiándonos de nuestra buena suerte, atándonos a nuestros lazos en común, pero nos engañamos... nos pusimos una venda cada uno, mucho tiempo atrás y ya no había manera de retroceder.» Así empezaba esta huida.

He venido a estas líneas más de mil veces ya, queriendo escribir, queriendo desenvolverme y rebanarme en pedazos para ellas, entregarme de la única forma que sé; pero no puedo. Pongo mis ojos frente a la hoja en blanco y no puedo hacer nada más, me quedo inmóvil, estupefacta, como clavada por una daga que me traspasa de manera transversal todo el dorso y ahí se queda, como incómoda, ni siquiera duele, pero pesa al andar: no logras caber por las puertas de salida, no logras acomodarte en cama a la hora de dormir, no logras preparar un café porque la daga se calienta y se pone roja y te quema los huesos, no logras abrazar a nadie. 

Me pregunto qué pasó con la capacidad de redactar, de manchar estas hojas de sangre y cabello oscuro, ¿acaso es la daga la que tampoco me deja escribir? Aquí no me pesa tanto, es medio raro, medio historia de fantasma. "Es que me cuesta no ser yo, estar pendiente de los dos", a veces me planteo que quizás no tenga por qué escribir tanto, con que escriba dos o tres parágrafos es suficiente, ¿verdad? Y no, es que no quiero escribir dos o tres parágrafos, ni siquiera me esfuerzo en separarlos. Quiero morirme acá, entregar mi pecho y dejar la daga como pluma, desgarrarme; he soñado con esto, me pongo de pie frente a la hoja, pero esta vez sí puedo: me rasgo el pecho desde la garganta, saco un nudo que es más bien un enredo de masa oscura, viscosa, y lo pongo todo encima del blanco de las hojas y vuelvo todo una mierda y por primera vez no me importará el reguero, ni la suciedad, ni el desastre porque no voy a tener que limpiarlo, ni yo ni nadie, por fin nos vamos a despojar todos de esta carga aunque el actuar sea sólo mío y sólo me libere a mí.

Vuelvo a la ventana abierta de años atrás, porque me ahogo.

Entradas populares

501